La tropa avanzaba paso a paso. La selva estaba espesa y h煤meda, el suelo, lleno de barro y el peligro acechaba en cada metro del sendero.
En eso Lewis B. Puller, teniente del ej茅rcito estadounidense que peleaba en Vietnam, pis贸 una trampa explosiva. Para todo soldado que hablaba ingl茅s, era literalmente una "trampa caza-bobos". La explosi贸n no lo mat贸, pero le mutil贸 las dos piernas y parte de las manos.
Librado de la muerte, Lewie Puller regres贸 a su pa铆s, estudi贸 derecho a fin de convertirse en abogado, se cas贸 y tuvo hijos y hasta escribi贸 un libro titulado Hijo Afortunado que le gan贸 un premio. Pero su vida nunca dej贸 de arrastrar el dolor de la guerra. Un d铆a, no aguantando m谩s su pena, se suicid贸. La revista Time public贸 su obituario y le puso por t铆tulo: "La herida que nunca san贸"
Las guerras de este mundo siguen cobrando sus v铆ctimas, a煤n despu茅s de pasados muchos a帽os. El Teniente Puller, hijo del General Puller, el hombre m谩s condecorado de la marina estadounidense, parec铆a ser un triunfador. Se sobrepuso a la p茅rdida de sus piernas. Vivi贸 veintis茅is a帽os con su esposa. Y escribi贸, con 茅xito , su autobiograf铆a. pero la Psicosis de la guerra lo ten铆a marcado.
Puller se sumergi贸 en el alcohol. Eso provoc贸 problemas en su matrimonio, acelerando la separaci贸n de su esposa. La herida psicol贸gica de Vietnam, que nunca san贸, termin贸 destruy茅ndolo.
Hay heridas del alma peores que las del cuerpo. Muchos hombres lisiados de gravedad han podido sobrevivir, recuperarse y hasta ser felices. Pero Puller cay贸 v铆ctima de otra herida. All谩 en el fondo de su alma hubo siempre una 煤lcera, una llaga abierta que continuamente preguntaba: 驴Por qu茅 tuvo que pasarme a m铆?
Busc贸 alivio en el alcohol, pero 茅ste tambi茅n es una "trampa caza-bobos" tan destructiva como aquella otra que le mutil贸 las piernas en plena selva.
Nos gustar铆a poder dar a conocer otros detalles agradables respecto a este hombre y darle a su biograf铆a un final feliz. Pero la realidad suele a veces ser cruel. No hay consuelo en el alcohol. No hay salvaci贸n en las drogas. No hay fuerza vital verdadera en la erudici贸n ni en la literatura. Lo 煤nico que puede sanar las heridas del alma es una experiencia espiritual.