La verdad es que cuando uno entra al quirófano, digo cuando va a ser intervenido, puede imaginar muchas cosas mirando los innumerables instrumentos. Hay minutos interminables que son pocos realmente, son demasiado largos para pensar en tantas cosas, por ejemplo: lo que el ser humano puede hacer dentro de esta sala para salvar vidas y en otros casos lamentar la irremediable partida de su paciente... (Ciencia).
También piensa en la familia, en los amigos, en lo que queda pendiente y el tiempo que apresuró tanto sin dar tregua para finiquitar y especialmente en el intento de vida que depende de mi Dios y la ciencia, pero estoy listo...
Por cierto mi médico está preparado para dar inicio y compruebo que al detalle ultima con sus asistentes su rutina de "trabajo". Anuncia con voz firme: “que se aplique la anestesia". Quedando a expensas de una máscara y mi recogimiento espiritual hasta pasar a un estado de inconsciencia y sueño profundo.
Luego de un par de horas todo vuelve a mis ojos como si llegaran a saludar los rayos de una lámpara fluorescente y el suave murmullo del médico que dice "todo salió bien". Luego veo a mi familia y su voz me alienta a despertar totalmente.
Para mà es un nuevo regalo de vida, es una bendición y el privilegio de seguir viviendo. Una nueva oportunidad de vida para seguir aprovechando de todo lo que ofrece, para perseverar diariamente, pero especialmente para hacer más...
Fue una segunda cirugÃa que alivió el dolor y afirmó mi fe en que puedo seguir con entusiasmo en este proceso de crecimiento hasta que Dios quiera...
¡En realidad una doble experiencia para ser más y hacer más! |