Si todos nosotros, antes de tomar una decisión, de emitir un juicio, de hacer una promesa, nos tomáramos unos minutos para meditar acerca de lo que vamos a hacer, seguramente las cosas marcharÃan mejor. Porque cuando prometemos algo, es necesario tener la certeza de que vamos a poder cumplir.
Cuando opinemos sobre alguna cosa, que nuestra opinión refleje algo acerca de lo cual estemos convencidos. Recordemos que nuestras opiniones, un poco, nos reflejan a nosotros. Y cuando tomemos una decisión, que la misma sea lo más acertada posible y que nunca lastime a los demás.
La gente valora las personas estables, con carácter parejo, y con patrones de conducta definidos, y se desconcierta ante quien hoy los acaricia y mañana los golpea.
Pero creo que las relaciones humanas serÃan mucho más armoniosas si todos respetáramos la siguiente premisa: No actuar frente a los demás como no nos gustarÃa que actuaran con nosotros mismos.
Si antes de expresarnos, de una u otra forma, ante los demás, nos pusiéramos en el lugar del otro y evaluáramos cómo nos sentirÃamos si fuéramos los verdaderos receptores, con toda seguridad no existirÃan los insultos, las palabras hirientes, los gestos despectivos... |