La semana pasada, se celebró en Costa Rica el dÃa del niño. En diversos paÃses, la celebración cambia de fecha pero en Costa Rica, mi tierra natal, la fiesta de celebración se realiza todos los años en el mes de Setiembre.
Este año olvidé por completo la fecha, la dejé pasar por alto y hasta hoy que escribo (3 dÃas después de la celebración) fue que me enteré de la actividad. Ya sabemos que este tipo de celebraciones son algo meramente simbólico porque el dÃa del niño (asà como el dÃa de la madre, el padre u otros...) debe ser todos los dÃas pero nunca deja de ser importante un motivo que nos recuerde más razones por las cuales celebrar.
Yo hace mucho dejé de ser un niño en cuanto a lo que edad refiere pero, como dicen, siempre "hay un niño dentro de todos nosotros". Cosa que no siempre aplicamos y a veces por querer ser "muy maduros" nos olvidamos de las enseñanzas de esta bella etapa de nuestra vida.
Una de las primeras habilidades que se aprenden en la niñez es la capacidad de reÃr. Por lo general, unos buenos padres son los que constantemente intentan sacarle risas a sus hijos a lo que los niños devuelven bastante bien porque son abiertos a reÃr con facilidad si las circunstancias se lo permiten.
Por otro lado, otro componente importante es que los niños tienden a aventurarse un poco más que los adultos. Claro está que no todos los niños son iguales pero al menos a muchos se les nota el deseo de estar descubriendo e investigando, caracterÃsticas que deberÃamos recuperar los adultos.
Muy de la mano con lo anterior, es que los niños enfrentan un hambre voraz por aprender, por lo menos en sus edades más tempranas y de conocimiento no necesariamente académico sino vivencial.
Otro de los elementos y para mà uno de los más importantes, es la capacidad de perdonar. Pareciera que cada año que pasa nos inyectan una vacuna de orgullo y somos más reacios a perdonar, ni qué decir de disculparnos. Los niños olvidan con mucha más facilidad y cuando algo sucede saben sanarlo más rápido que lo que a veces lo sanamos los adultos.
Con el pasar de los años olvidamos aprender de los más pequeños y muchas cosas cambian con el afán de crecer. No es que debamos mantenernos siempre siendo niños pero sà que ahora que somos adultos recordemos todo lo que nuestros primeros años ya nos habÃan enseñado. |