Se ha dicho que recibimos lo que damos, que cosechamos lo que sembramos o que si plantamos cierta semilla, obtendremos determinados frutos.
Y esto suele darse muchas veces en las familias. En las cuales, en ocasiones, si un determinado miembro de la familia se comporta hacia otro de cierta forma, es porque en algún momento recibió lo mismo de éste.
He escuchado encargados de familia preguntarse ¿por qué sus hijos les dan un mal trato y les responden mal, porqué se han vuelto rebeldes y no atienden a lo que se les indica?
Pues bien, la respuesta podrÃa estar en que, tal vez sin ser conscientes de ello, como padres, madres, y encargados de nuestra familia, en algún momento le hemos dado este mismo trato a nuestros hijos, dirigiéndonos a ellos no desde el respeto sino desde el regaño y los gritos, desde la exigencia y la dureza.
Ahora bien, este problema suele trasladarse y reproducirse también entre miembros de la familia, como por ejemplo, entre hermanos.
Si hemos visto alguna vez que uno de nuestros hijos trata de mala forma o discute con el otro, es porque, tal vez, el primero haya visto como nosotros en algún momento regañamos o tratamos mal al segundo.
Asimismo, si discutimos constantemente con nuestra pareja, quienes vivan en el mismo hogar que nosotros, es probable que repitan y generen conflictos también. Pues muchas veces la violencia genera violencia, el conflicto genera conflicto, y la falta de respeto también puede generar irrespeto.
Por esta razón, es fundamental que hagamos un esfuerzo constante por mantener el respeto, la compresión y la paciencia en nuestra familia.
Y también, que si el algún momento hemos recibido un mal trato de nuestros familiares, intentemos al máximo comprender y perdonar al otro, y no necesariamente devolver el mismo mal trato.
De esta manera, lograremos un ambiente más tranquilo y sin tantas tensiones entre todos. Lograremos que nuestras relaciones familiares sean más fuertes y mejoren cada dÃa. |