Hace unos dÃas fuimos a un concierto con una de las bandas más reconocidas en la ciudad donde vivimos. Era un homenaje a músicos referentes de la música norteamericana como: Louis Armstrong, Glen Miller, Frank Sinatra, Elvis Presley y Michael Jackson.
La noche estuvo agradable y llegó bastante público, tanto asà que tuvieron que habilitar una zona especial para que todos pudieran estar sentados(as) la hora y quince minutos que duraba la actividad. El público estuvo alegre y algunas canciones sacaron más de un paso de baile, frente a tanta algarabÃa el director de la orquesta, una vez finalizado el espectáculo, quiso dedicarle una pieza más al público y, aunque la banda empezó a interpretarla, el 98% de los músicos se empezó a levantar e ir, alegando que ya la actividad habÃa finalizado, al final el director de la orquesta terminó dirigiendo solo a un saxofonista.
Esta situación nos generó mucho asombro, tanto asà que quisimos dedicar todo un artÃculo de esta semana a reflexionar sobre los acontecimientos. Podemos analizar aspectos negativos como la mediocridad por parte de los músicos o el poco interés que mostraron por complacer al público y obedecer al director; sin embargo, no quisiéramos centrarnos mucho en eso sino en recalcar lo que quiso hacer el director y lo que hizo el saxofonista de la orquesta.
El director al observar que el público estaba alegre por el show quiso dedicar una canción más, complacer y cerrar con un broche de oro que el público habrÃa agradecido muchÃsimo. Por otro lado, el saxofonista se mantuvo y toco hasta el final la canción aunque el resto de sus compañeros se estaba yendo.
¿Qué costaba quedarse 5 minutos más que era lo que iba a durar la última canción? Es necesario que demos un poco más de nuestro esfuerzo para lograr tener alegres a las personas a las cuales les debemos todo.
¿Qué serÃa una banda sin el público, de qué servirÃa que tocaran muy bien si no hay nadie que les escuche? Una pena que la velada cerrara asà pero nos queda la satisfacción de poder aprender de esto y comentárselo a ustedes en estas breves lÃneas.
Nadie que haya dado su máximo esfuerzo, se ha arrepentido de ello- George Halas |