Hay una frase popular que dice, "caras vemos, corazones no sabemos". Es decir, podemos observar a una persona fÃsicamente pero con ello no siempre podremos conocer cómo se siente emocionalmente.
Es una realidad que todas las personas llevan heridas emocionales y cargas del pasado muy densas y, aunque una persona lleve tiempo de estar trabajando en su ámbito personal, no siempre ha terminado de sanar muchas cosas que le afectaron.
Pongamos un ejemplo, cuando nos hacemos una leve cortadura rápidamente buscamos cómo detener el sangrado, limpiamos la herida y la taparemos y a lo mucho tres dÃas después nuestro cuerpo ya habrá sanado pero ¿pasa igual en el ámbito emocional? La respuesta es que no, las heridas emocionales toman mucho más tiempo en sanar y a veces a algunas personas les toma años.
Las consecuencias psicológicas que se generan por una herida emocional pueden llegar a ser incluso mayores que las secuelas fÃsicas de una herida en el cuerpo. Es por lo anterior, que con este artÃculo nos gustarÃa hacer una reflexión, una pausa en el camino, para intentar aminorar las heridas emocionales que vamos generando en los demás. Aunque se escuche difÃcil, se puede empezar incluso con pequeñas modificaciones en nuestras palabras o la forma en cómo decimos las cosas porque en ocasiones las palabras son las grandes causantes de esas heridas emocionales.
Por ello, de ahora en adelante nos gustarÃa que usted, estimado lector, hiciera un pacto con usted mismo y sus seres queridos e intente no lastimar emocionalmente a los demás por medio de sus palabras. Notará que el bien estará hacia los demás pero para usted también resultará gratificante y puede que, al cabo de un tiempo, note que el bien, contrariamente a lo que acabamos de decir, sea para usted mismo.
Si mejoramos la forma en cómo tratamos a los demás nos sentiremos más a gusto con nosotros mismos y será una semilla de bendición que se nos devolverá para ser nosotros tratamos de una buena forma también. |