Desde que somos pequeños, nos enseñan a no hablar con extraños y, una vez que nos convertimos en adultos, es probable que repitamos esa enseñanza con nuestros hijos. Aunque nos ayuda como una medida para protegernos, podrÃamos estar perdiendo pequeñas conexiones las cuales pueden ser muy beneficiosas para nosotros.
Muchas veces, cuando no interactuamos con otras personas es porque creemos que todos los extraños son peligrosos pues no conocemos sus intenciones o decisiones; sin embargo, esto parte de un prejuicio hacia los demás, el cual podemos evitar si nos permitimos ver a las personas solo como personas desconocidas.
Una persona llamada Kio Stark, dio una charla recientemente. En ella señaló que, contrario a lo que muchos piensan y nos enseñan, es bueno ser amigable, e hizo la invitación a que, de ahora en adelante, si va caminando y hace un contacto visual con una persona que no conoce usted intente sonreÃr y vea lo que sucede.
Esas pequeñas conexiones pueden ser una experiencia breve con mucha resonancia emocional que nos permiten sentir en comunidad y que nos permiten ser reconocidos por al menos unos instantes.
Otro aspecto beneficioso de ser amigable señalado por Stark en su conferencia, es que tendemos a ser más honestos con personas que no volveremos a ver, entonces si alguien nos pregunta ¿cómo estamos? En algunos casos podemos expresar total sinceridad porque sabemos que es alguien a quien no conocemos y quien posiblemente no nos juzgará.
Esas interacciones rápidas e interesantes pueden ser una bella forma de hacer interrupciones en la narrativa de nuestra vida diaria e interactuar con personas que también pueden necesitar esos espacios breves. |