En nuestra sociedad existe la falsa creencia de que quien va al psicólogo es porque debe estar loco; sin embargo, este solo constituye uno de los innumerables mitos existentes alrededor de una disciplina que más bien genera múltiples beneficios para quienes asisten a la consulta psicológica.
Otro de los temas que causa temor a dicha terapia, es tener que enfrentarse a una prueba psicológica. Es por ello que en el presente artículo explicamos puntualmente en qué consisten este tipo de pruebas y por qué no debemos temerles.
Las pruebas psicológicas, también llamadas pruebas psicométricas, se derivan de la psicometría, una disciplina encargada de atribuir valores a condiciones y fenómenos psicológicos para que sea más sencilla la comparación de dichas características entre las personas. Es por ello que una prueba psicométrica, en términos amplios, lo que busca es evaluar la psiquis o mente de un individuo y plasmar esos resultados mediante valores numéricos.
Existen múltiples tipos de pruebas psicométricas: desde las que buscan analizar si hay algún daño o padecimiento psicológico en la persona, hasta las que buscan conocer ciertas habilidades o características personales. Un ejemplo de su utilidad, es cuando en el área de recursos humanos de una empresa hay personas específicamente encargadas de la aplicación de pruebas con el fin de analizar ciertas capacidades intelectuales y rasgos de personalidad de los posibles candidatos a un puesto de trabajo.
Así como las personas se hacen chequeos periódicos sobre su estado de salud física, las pruebas psicométricas podrían ser tomadas como chequeos sobre la construcción psicológica de cada uno de nosotros. Éstas constituyen indicios para que un profesional pueda guiar su criterio a favor nuestro.
Quien va al psicólogo no está loco, quien va al psicólogo es una persona atenta a su salud psicológica y con deseos de mejorar su bienestar personal y el de quienes le rodean. |