Nuestra motivación y energía corporal es muy relevante, si nuestra energía es baja nos sentimos cansados y desmotivados, por el contrario, cuando nuestra energía es alta nos cargamos de motivación y enfrentamos las situaciones del diario vivir con un optimismo mayor.
En ocasiones las personas se esfuerzan por buscar las soluciones ante la falta de energía y eso los lleva a tener una mejor alimentación o a tener un descanso más reparador; sin embargo, pocas personas ponen especial atención a las causas que les generan los picos de energía. Para identificar cuáles son las causas de los bajones repentinos de energía debemos conocer primero cuáles son los tipos de desgaste que existen y que nos pueden agobiar. Los desgastes de energía pueden ser de cuatro tipos: desgaste físico, emocional, mental o de propósito.
El desgaste físico. Este tipo de desgaste lo podemos identificar fácilmente debido a que es cuando el cuerpo no nos responde como quisiéramos. No depende tanto de la edad que es lo que muchas personas suelen afirmar, sino más bien depende a las condiciones y hábitos que mantenemos. Los factores que merman nuestra energía física son: la comida basura; las largas horas usando dispositivos electrónicos y la vida sedentaria. Para contrarrestar el desgaste físico, vale la pena preguntarse cuáles son nuestros hábitos físicos y si alguna actividad nos puede estar llevando a una pérdida importante de energía.
El desgaste emocional. En esta condición nos sentimos agobiados por emociones destructivas como el miedo, la desconfianza o la inseguridad. A pesar de que en muchos casos también refiere a hábitos de corte físico es sabido que, el desgaste emocional, puede estar ocasionado por un deterioro de nuestras relaciones interpersonales, es decir la relación con la cual mantenemos con los demás. Si sentimos desgaste emocional, es bueno revisar la forma en cómo nos desenvolvemos socialmente y si esto es motivo de preocupación para nosotros.
El desgaste mental. En este apartado se encuentran los pensamientos que no hacen sentirnos en paz con nosotros mismos ni con nuestro alrededor. Ejemplo de esto son: los pensamientos obsesivos, las quejas constantes o el refunfuño diario. Este tipo de desgaste puede estar ocasionado porque estamos teniendo una saturación de aspectos en nuestra cabeza, si estamos siendo víctimas de muchas situaciones apabullantes en bueno que tomemos un respiro y recuperemos fuerzas.
El desgaste de propósito. Este desgaste es el más silencioso de todos y difícil de tratar, ya que corresponde a la falta de un proyecto de vida. El tener un proyecto vital corresponde a un gran aliciente de objetivos que determinan las decisiones que vamos tomando a lo largo de nuestra existencia, si carecemos de él debemos preguntarnos qué cosas nos hacen felices y qué queremos alcanzar en la vida con el fin de empezar a proyectar los mejores esfuerzos para salir adelante y encaminar nuestra vida hacia las direcciones que menor nos satisfacen. |