La sociedad en la cual hemos sido educados, nos ha enseñado durante toda la vida que si hay algo que no nos gusta en nuestra vida debemos dejar que se quede.
Por ejemplo, si una persona no se siente a gusto manteniendo comunicación o viviendo con su familia, se le dice que debe soportarla y respetarla solo por el hecho de ser su familia. Otro caso, si una persona no es feliz con su trabajo actual, prácticamente se le obliga a soportarlo debido a que esto le da cierta estabilidad financiera. También, muchas personas permanecen toda su vida atadas a un matrimonio que no les hace felices por el miedo al qué dirán o a la posibilidad de quedarse solas.
No obstante, todas estas ataduras lo único que generan en nuestra vida son cadenas de infelicidad y miseria. Nunca podremos ser felices y sentirnos a gusto con nosotros mismos si nuestra vida está gobernada por lazos negativos que creemos casi inquebrantables.
Para romper estas ataduras, es necesario dejar de permanecer junto a personas solo por el vÃnculo sanguÃneo que tenemos con ellas. Si nuestros familiares nos mantienen estancados y nos imposibilitan crecer, es momento de alejarnos de ellos y seguir nuestro propio rumbo.
Asà mismo, debemos dejar de mantener cosas en nuestra vida por compromiso, temor, presión de otros o propia, costumbre o pereza; y más bien podemos enfocarnos en mantener solo cosas y personas que nos llenen de alegrÃa, tranquilidad y satisfacción en general.
También, debemos saber que a veces es necesario soltar cadenas para dar espacio a nuevas personas, posibilidades y oportunidades que puedan dar un giro completo a nuestra vida actual.
Por más difÃcil que nos parezca cortar con estos lazos destructivos, cuando demos el paso y cortemos con ello, nos daremos cuenta de todas las buenas cosas de las cuales nos estábamos perdiendo y pensaremos a partir de ese momento: ¡Por qué no lo hice antes! |