¿Qué tan harto estas de las condiciones "normales" de vida que te ofrece la sociedad en que vives?.
¿No es cierto que te pudre el hÃgado (al menos a mi sÃ) la indolencia con la que cualquier conductor es incapaz de ceder el paso a otro haciendo del concepto "uno por uno" una romántica promesa entre cursi y nerd?.
¿A caso no te provoca asco el tipo de enfrente que con toda frialdad es capaz de vomitar por la ventanilla de su coche: la colilla de cigarro, la servilleta usada o todo aquello que le sobró del desayuno mientras tu cara de incredulidad quiere gritarle ¡Qué poca madre!, ¡Ve a ensuciar tu casa y no mi vialidad!?
Y podrÃa pensarse que este tipo de cosas estarÃan ligadas a personas con escasos recursos ya sea económicos o culturales, doble es el asombro y el enojo cuando resulta que la colilla es desprendida por unas uñas con manicura de salón y de la ventana de un auto alemán haciéndonos recordar que la limpieza y educación no siempre están de la mano de la economÃa. Ya ni pensar en santÃsimos clientes que se quejan de que su proveedor equis simplemente queda en algo y este algo no sucede, esa llamada nunca es devuelta y quien termina por darle seguimiento al servicio contratado es el mismo cliente.
Por supuesto podrÃa darte una lista interminable de este tipo de situaciones, en lo cotidiano, en lo personal o en lo corporativo. Pero señalarlo y criticarlo no es, ni será suficiente para que las cosas cambien... hay que actuar.
El niño de la calle, la prostituta, el adicto, lo mismo que la basura, los encharcamientos o la delincuencia, son cosas que lastiman nuestro idealismo y ofenden nuestro entendimiento de una cultura basada en valores.
El asunto, estimado lector, el asunto es que hay que actuar, el compromiso es conductual.
Te reto a una aventura:
Ponte de meta darle el paso a una persona cada dÃa, sea peatón o conductor, pero al hacerlo, hazlo notar con una sonrisa y un gesto amable, alguna seña como diciendo "¡buen dÃa!".
Una vez que logres hacerlo todos los dÃas, incrementa a dos cortesÃas por dÃa, y luego a tres. Hasta puedes llevar una tarjetita en la visera de tu coche, como teniendo un registro.
¿Te imaginas?, este boletÃn lo reciben más de 10,000 personas, ¿Te imaginas como serÃa la avenida principal de tu ciudad si cada dÃa 10,000 personas le cedieran el paso a otras con un gesto amable en su rostro?.
Seguramente lograrÃamos contagiar a otros cuantos, pero la magia llega en la tercera o cuarta semana, cuando tu meta de cortesÃas es incrementada a cuatro o cinco por dÃa: ¡50,000 cortesÃas en el periférico!, más aquellas de las personas que logremos contagiar.
No necesitas donar miles de pesos cada dÃa, (que bueno que lo hagas), ni contentarte con un cheque al teleton cada diciembre, el compromiso es conductual, cambiaremos nuestra sociedad cuando cambiemos nuestra cultura y no hay cambio cultural que no se geste con pequeñas acciones repetidas millones de veces.
Si el Santo Padre, el Presidente de la República, o el Director General de nuestra empresa nos ordenara tener dos cortesÃas diarias, el paÃs no cambiarÃa ni un centÃmetro. Es hasta que nosotros mismos, sin orden de nadie mas que de nuestra conciencia- asumimos el compromiso de actuar sistemáticamente, que logramos afectar nuestra cultura.
Con disciplina, conciencia y persistencia:
Piensa, reflexiona y actúa |