Abrumador, realmente aplastante, casi incomodo; es tanto que hasta duele: todo el viejo continente es un exceso de arte.
Arte aquÃ, allá y en todos lados. Las fachadas de los edificios, las bancas de los parques, hasta los grafitis callejeros se perciben con esmero. Intentar ver un museo completo en cualquier ciudad importante, es tanto como estar dispuesto a no ver más que un museo completo en todo el viaje.
De a "rapidito" pasas las pupilas obra por obra y permites que se detengan en alguna que "por mejor" te atrapa unos cuantos segundos más, hasta brincar a la siguiente que por magnifica te merece 2 minutos y claro, hasta aquella que te hace sentir tal magia que no reparas en dejar de contemplarla hasta que tu esposa (o tu compañero de viaje) te golpea punta codo reclamándote prontitud.
Las de ésta envergadura, las que atrapan el alma; son lienzos cuyos autores tardaron varios años en terminar... ¡Varios años!, asÃ, como lo lees, varias horas cada dÃa, todos los dÃas durante varios años. ¡Claro que el nivel de perfección y detalles es abrumador!.
El compromiso personal del pintor estaba muy por encima del de la comunidad, casi cualquier obra se pintaba en meses y se detallaba en años, este último proceso terminaba cuando el artista consideraba que ya estaba a la altura de su firma, con la consciencia de que pasarÃa a la eternidad y serÃa apreciada por cientos de futuras generaciones.
En contraposición cada dÃa vamos por la vida tan de prisa, que no hay tiempo para comprometernos al cuidado minucioso de los detalles que exige la excelencia, la competitividad es tanta, la caducidad de conceptos y productos tan breve, que ni remotamente podemos enfocar ese nivel de excelencia en nuestra obra cotidiana.
Piensa que hoy, sólo proyectos de inversión multimillonaria, mega construcciones o investigaciones cientÃficas pueden soportar un proceso de 5 ó 6 años en su etapa de creación. Las prioridades han cambiado, una "simple obra maestra de arte" no merece la espera de tantos años de enfoque y pasión.
Concluyo sintiendo un poco de pena por la falta de tiempo de nuestra sociedad actual para cultivar la excelencia, seguro de que si cualquiera de nosotros intentáramos esos estándares en nuestro trabajo serÃamos despedidos por ineficientes y colgados. Veo difÃcil que exista alguna actividad cotidiana que pudiera esperar 10 años para ser terminada con perfección.
Lo que es un hecho, es que sà cuentas no con 10, sino con muchos años más para esculpir la obra de tu vida, con más o menos 15 años para detallar la autoestima de tus hijos, con un poco más de 25 para pintar un matrimonio de excelencia y con algo asà como 40 para colorear una carrera profesional que trascienda en tus acciones, para construir de ti mismo la obra maestra de tu creación.
La única forma posible es comprometiéndote con un nivel de exigencia personal superior, haciendo un espacio breve pero constante en tu vida para preguntarte si el entregable de tu trabajo, de tus relaciones, de tu vida misma está a la altura de tu firma; si es que tuvieras la consciencia de que va a ser contemplada por cientos de generaciones futuras.
¡Piensa, reflexiona y actúa! |