Las relaciones humanas son complejas y simples a la vez, y están fundamentadas en una serie de normas de sana convivencia. Se nos inculca desde la niñez, valores y principios que son fortalecidos en el vÃnculo familiar. Ya como miembros del sistema educativo, nos corresponde en esa interacción social, desarrollar otras aptitudes como la tolerancia para aceptar las diferencias para con los demás, estableciendo respeto para aceptar a los demás tales como son, para ser aceptados igualmente por lo que somos, hacemos y pensamos.
Una de las definiciones aceptadas sobre la amabilidad, es la manera más sencilla, delicada y tierna de hacer realidad un amor maduro y universal, libre de exclusivismos. La entendemos también como “calidad de amableâ€, y una persona asÃ, es aquella que “por su actitud afable, complaciente y afectuosa, es digna de ser amadaâ€.
Cuántos reclamos pasamos escuchando cuando al requerir un servicio determinado, no somos tratados amablemente. Es factible serlo si respetamos la regla de oro: tratemos a los demás, tal y como nos gusta ser tratados.
Recientemente fueron publicados en la Revista Psychological Science los resultados de un estudio realizado por Micheal Poulin con dos prestigiosas universidades estadounidenses, donde se concluye que la amabilidad podrÃa estar en los genes. Especialistas de los principales centros de estudio de California y de Buffalo, evaluaron la conducta de personas con varias versiones de genes, que reciben a la vez, dos hormonas relacionadas con la generosidad, la ocitoxina y la vasopresina. Al grupo estudiado se les aplicó un instrumento con distintas interrogantes para determinar la forma en que miran el mundo que les rodea. Lo curioso es que esos genes citados al combinarse con las percepciones ofrecidas, predicen mayoritariamente la generosidad. No se trata de que haya sido descubierto propiamente el gen donde se establece que unas personas sean más amables y generosas que otras, sino, que existen genes que contribuyen en esta dirección, ante la presencia de ciertos sentimientos de personas sobre el mundo que las rodea.
Es sorprendente la cantidad de oportunidades y puertas que se le abren a las personas realmente amables; ese buen trato acompañado de una sonrisa, educación y respeto, la relación cortés, son ingredientes infalibles para obtener todo en la vida. DecÃamos al principio que en muchas ocasiones, los seres humanos nos complicamos la existencia en ese necesario e inevitable trato con nuestros semejantes. Sea porque nos corresponde preguntar por alguien mediante llamada telefónica, o llegar a un lugar a buscar a una persona en particular, es importante tener presentes esas reglas básicas de urbanidad, - como decÃan nuestro maestros décadas atrás;- saludar, sonreÃr, mirar a los ojos, saber escuchar, poner atención, hablar con claridad, con buen tono y timbre de voz, ayudará a obtener el objetivo planteado al tratar con los demás.
Es cierto que en muchas ocasiones, producto de esta vida tan competitiva que llevamos, perdemos la perspectiva de seguir siendo de buen trato con los otros, pero le invitamos a ser usted el primero, quien sea la persona que transmita la amabilidad cuando los otros menos lo esperan. En cualquier lugar que podamos, contagiemos diariamente al prójimo con este maravilloso don. Solo satisfacciones obtendremos. |